martes, 10 de marzo de 2026

Luna de mis elucunaciones

 


La luna es musa de los trasnochadores, bohemios y amantes de la silenciosa oscuridad con su relativa paz, que solo suele romper el canto de los grillos que han migrado de los bosques a los jardines de las ciudad, para irrumpir en la soporífera abulia del desencanto y vacunar de ilusiones los pensamientos más grises, más comunes… con ella como matrioska que devela algo nuevo en cada luminosa motita sobre mares cobaltos.

Es la diosa del lobo que le canta en un ritual de lealtad para arropar y conducir a su manada bajo el influjo de la luz que emite dejando rastros de lucidez poco común en el instinto de los humanos, pero de sabio conocimiento instintivo en ellos.

Es el satélite que milenios ha velado por nosotros, filtrándose en el más surrealista de los momentos que vivimos y desde luego, en el viaje onírico de los realistas que se rinden a su mágica seducción, porque saben que por más satélites que viajen al espacio para competir con ella, no tienen su capacidad porque ella nunca descansa de nosotros y nosotros sí cuando vela por todos. No tiene el don de la omnipresencia pero sí la claridad de su milenario testimonio.

Normalmente acostumbra vivir de noche, pero procura siempre esperar al alba para conversar con ella y darle los pormenores del contrabando de amorosos que suelen no pagar derechos por amarse sin más reglas que las que ellos mismos se imponen en el juego clandestino de Eros.

El día de la crucifixión no pudiste ver el cuerpo yerto de Jesús en el monte del Calvario, pero lloraste su pérdida y deseaste estar del lado del oeste para mostrarle tus respetos. Cuando el sol se apagó, emergiste con tu plenitud de miel: un homenaje al humano divino que, cientos de años después, habita en el templo de cada alma, incluso en aquellas que no lo saben.

La luna tiene la fidelidad de los poetas, los pintores, los trovadores… que se rinden atolondrados de sensibilidad ante la lucidez de su belleza; la lealtad de la traición a la objetividad de su gracia versus el lirismo rebosante de lucidez simbólica; la intrepidez de saberse observada por toda humanidad posible y no perder un gramo de humildad por ello.

Como leí en un poema de los tantos que tengo en mis imágenes de poder, podría tomarla a cucharadas como sugiere S, sentir su sabor, saborearla como una oblea en mi primera comunión planetaria pensando en lo maravilloso de mirarla, y en el mirar ser parte de ella, pisar con los pies de la imaginación su ser y su semilla.

Y así podría tirar, crear, elucubrar o divagar sobre tu savia, sobre tu soberanía porque no me alcanzaría la imaginación ni la vida para explorar el arcano de tus lúdicos misterios y como capas de cebolla prefiero saborearte poco a poco.


© Amarante M Matus


jueves, 18 de julio de 2024

Amigo, Nef


 

Con los años aprendes que una mala noticia, algunas veces, la debes recibir con gratitud y no por que seas masoquista sino porque le preceden un montón de instantes que le dieron sentido a todo ese tiempo que glosa esa noticia.

 

Con el tiempo entiendes que una mala noticia es un mal momento y como tal pasa, se va, es efímera y después de asimilarla, asumirla y verla al rostro, puedes mirar el aprendizaje que trae porque nunca llega sola y no todo lo que trae puesto es negativo.

 

Con la experiencia sumas sabiduría, sabiduría que te ayuda a comprender que una mala noticia te fortalece porque descubres algo que no sabías; no sabías, por ejemplo, que gozas de entereza ante la adversidad y en la repisa de lo cotidiano entiendes, con connotada humildad, que tu tránsito es apenas un segundo de luz y no tienes una razón de peso para desaprovechar un micro de ese regalo denominado tiempo.

 

Con el tiempo querido amigo, con la bendición del tiempo vas a descubrir que una pequeña pausa en la aventura de la convivencia, del brindarse y conocerse, reconocerse reconociendo la trascendencia de los demás en uno y en el nosotros… con el tiempo descubrirás que lo de hoy, que la mala noticia del hoy será la pauta de tu crecimiento, mañana.


© Amarante M Matus


jueves, 11 de julio de 2024

Hasta pronto



Me toca improvisar unas palabras

o retratar un sentimiento blue.

Nunca ha sido sencillo despedirse

incluso el conocerse en el camino

con cierta luz de gris melancolía.

A veces los apegos son cadenas

pero también un vínculo granate.

A veces los afectos sobreviven

ungiendo de apapachos y arcoíris

la amistad que amuralla las querencias;

idilio que se expresa en cada huella,

nota, indicio o sentir del alma azul

a punto de reboso ante un adiós.






© Gonzalo Reyes

* imagen de momo - m_ende by gabrielladambrosio on deviantart



lunes, 1 de julio de 2024

Crónica para Diana Camila

 



 

Un año y medio fui tu profesor

y por vicisitudes de la vida

anunció una mañana la embestida:

el cese de funciones, sin pudor.

Dejé tu grupo y otros ¡Vaya horror!

Ahora puedo hablar de vez en cuando

contigo y otros más, crear pensando,

en el receso o de salida, un verso.

Cualquier motivo traza un universo

y toda petición, no importa el bando.

 

Una solicitud me dio un motivo

para pintar con ritmo algún paisaje

de cuánto me ha pesado este equipaje

cuando después me fui a tomar mi olivo.

Entonces recordé lo sustantivo

como un útil docente de español,

que todo es juego, todo es basquetbol.

Que mientras siga en el partido: Soy.

Que a donde vayan hoy mis dudas: voy.

Que cuando cae el día, sale el sol.

 

También el tiempo ha sido un fiel aliado

porque la paz que da la claridad

ha puesto un tono mate a mi verdad

y a los minutos, un cristal callado.

En él me miro con sosiego alado

para reconocerme sin temor.

En él, me reconozco como autor

de cierta narrativa resiliente

que premia a quien aprende y es consciente

de sus resabios, límites y ardor.


Para un docente la enseñanza es todo

y sus alumnos, la razón de ser

para asombrarse cada día… ver

cómo el futuro está, de cierto modo,

tejiéndose entre ellos codo a codo.

En el ir y venir de la instrucción

se crea un vínculo con la pasión

para tender un puente que nos guía

no sin tropiezos y sabiduría

no sin la vehemencia en un salón.

 

Y cosa aparte, debo de insistir

en una fórmula sencilla y clara:

ustedes y nosotros somos para

muchos: el rostro, voz del porvenir…

pero el protagonista… el emir

en la aventura del conocimiento

sin duda alguna eres tú. No miento

cuando repito que me enorgullece

compartir un lugar donde se crece

con un plumón en presto movimiento:

 

el de decenas, cientos de estudiantes

como Ricardo, Arantza y Carolina,

también Mayte, Antonella, Aldo y Paulina…

y la lista prosigue, no sin antes

decirles que me guardo los instantes

que cada uno me brindó. Recreos,

salones, libros, dudas y meneos…

todo queda a resguardo en una aurora

del ciclo que concluye sin demora.

Un año más de ustedes y escarceos.


© Amarante M Matus


martes, 31 de octubre de 2023

Ellos




ellos siempre vuelven

siempre


como cada año

no tardan en volver

son puntuales

y con mucha ilusión

la ilusión del que espera

esperamos con la esperanza

que se viste de flores

de luces

de azúcar

de manteles

y de fe

 

ellos saben que sabemos

que apenas llegan

y deben regresar

ya estamos con al alma vestida

de recuerdo

de evocación

de tonos sepia

de esencia encadenada

de herencia ritual

y de emociones

 

un año más

un día más

unas horas más

una peregrinación más

 

sus espíritus deben volver

porque siempre vuelven

pero la sustancia

de su voz

de su alegría

de su procesión

y su caricia

 

no vuelve

no regresa

porque ella siempre se quedó

 

bienvenidos


 

jueves, 13 de julio de 2023

Sin título

 



Me despedí con emoción de una estudiante.

Voy a extrañar sus comentarios, sus lecturas

y aunque la vida son los ciclos, las clausuras

en un recodo del recuerdo, algún instante

segura-mente llegará con su brillante

don de alegrar la convivencia en la memoria

donde tejieron las palabras una historia.

La del salón de clases. Voces y enunciados,

rostros, consultas, confesiones y hasta enfados.

Sé que el mañana le traerá, solo victorias.

 

Las confidencias y secretos he olvidado

porque la suerte determina el derrotero

y al evocar en la pandora un gatillero

solo permite tirar una vez los dados

pero bocón como lo soy me echo volados

y me permito compartir las experiencias

de adolescente, y ya no tanto, con la audiencia

de aquellos quienes me confían su barullo

e intento dar lo más análogo a un arrullo

que pronto corra por el riel de la conciencia.

 

Su sello fue, cuando exigí: hacer pucheros.

En otras veces, me miraba de soslayo

como ocultándose en las gafas de algún rayo

tras escuchar mis letanías, ¿romanceros?

La volví a ver entre ejemplares y libreros;

no tuve chance de un saludo más su esencia

pudo plegar y convocar a la aquiescencia

de los colores sepia o gris en el daltónico

que busca versos en sus claves del adónico,

el inventor de sus historias con vehemencia.

 

Y ciertamente si de gestos puedo hablar

debo decir que ciertos ojos son el brillo,

la timidez con cierto encanto, su pasillo,

la discreción del día aquel, donde el azar

volteo mi suéter y mi oído sin chistar.

Ya voy sumando a mis apuntes en el diario

cada momento Regalado a mi lunario:

los cumpleaños, chocolates y saludos;

la formación y las sonrisas sin escudos.

Un arcoíris son sus gestos literarios.

 

No fue sencillo acostumbrarme a tres abrazos.

A los desiertos cuesta mucho degustar

la miel. No obstante, esos tres por puro azar

me vencieron así sin más, urdiendo lazos.

A diferencia de los tres primeros trazos

debo admitir que existe un cuarto comensal

en el tablón de la tertulia más genial.

Con diferencia de los otros, él no toma

él, solicita y complementa nuestro axioma:

el del afecto y el respeto a mi portal.

 

Hay dos chiquillas que crearon una historia

si no recuerdo mal, su título es Frida.

Ambas ficciones son la misma glosa unida

desde el talento y la emoción de su oratoria.

Alguna vez les confesé con cierta euforia

“Debo nutrirme en lo que brinda tu cuaderno”

le dije a Arantza; mientras, Ana y su gobierno,

su luz dorada y su sonrisa, no abandonan

la clave ignota de recuerdos que fusionan

la lealtad de su cariño sempiterno.

 

En los recreos me emocionan con su juego.

Tiran y encestan, mientras otros meten gol.

Varios van tras de los balones bajo el sol

y yo en la sombra soy testigo de los egos

unos patean, otros botan… para luego

volver a clase de dibujo o formación.

Detrás quedó cualquier vestigio del triatlón

que significa hacer deporte en los descansos

o practicar el noble oficio, el remanso,

de la tertulia en caminatas e ilusión.

 

Solo Milagros o Pilar, también Raquel

Junto con Alix y Regina, la cuarteta,

dan la batalla al grupo C cuando las reta

a cascaritas en receso, sin cuartel…

un espectáculo sin duda lo es aquel.

Solo en primeros y tercero, este deporte,

goza del éxito en el gusto y el buen porte

que da botar con buena técnica el balón

o con un mínimo de ganas y pasión

como estas niñas que menciono en mi reporte.

 

La conocí sin estallar aún el caos

del que sin duda un poco fui corresponsable.

Debí imponer la autoridad, no ser afable

como lo he sido en el salón donde os quedaos.

Casualidad ¿Mera intuición?, al C abrazaos.

Seguramente estas hipótesis en verso

están erradas y sujetas al transverso.

Es un asunto más sencillo de enunciar:

tu rostro es signo de alegría sin acotar

en este grupo y su ejemplar multi universo.

 

Ellas dos, ambas, cultivaban la alegría

solía hallarlas, casi siempre, en el salón.

Tenían una letanía ¿O un sermón?

¿Cómo estás Prof.? Bien, regular, qué tal el día.

Y les confieso que lo extraño. Su bujía.

Su convivencia conviviendo con mi genio;

mi mal carácter: nada, nada… mi convenio

y ustedes dos arremedándome en la cara.

Debo admitir, la vida es ciclos y algo rara

y divagar es la afición de mis quinquenios.

 

Después el tiempo retocó la palidez

suntuosa, albura… de pintura medieval

con pinceladas de estación primaveral

que mira, ríe y va tiñendo con su tez

casi cualquier entorno gris sin un doblez.

Después la gracia y bonhomía, piel trigueña,

que nos sonríe y amalgama como dueña

en la ocurrencia inteligente una caricia

que hace brotar en las palabras la delicia

algún imán, la afinidad… su marca y señas.

 

En este grupo me encontré con dos lectoras

a la primera ya glosé emocionado

en la segunda pude hallar alucinado

la fantasía en su retórica de auroras,

de aguamarina y personajes de escritora.

Siempre le voy a agradecer este detalle:

el día último de mayo por mi calle

llegó la fiesta por un nuevo aniversario

y de salida en nuestra escuela y en mi anuario

le regaló siete palabras a mi Valle.

 

Para Cesar lo que es de él: mi gratitud

y para Dueñas, algo más: mi admiración.

A Estefanía y compañía mucha flor.

Pao, Zyanya, Padme y Camila toda la luz

para este viaje, en este póquer… un menú.

Darío, Bruno, Ikthan, Franco y Alejandro,

y aún me falta Alexis, ellos en el campo

han cultivado la raíz del compromiso

de donde luego brotarán chulos racimos

Así vislumbro a mis alumnos y les canto.

 

Frida, Regina, Diana —y muchas más que faltan—

son de un altísimo contraste en su amistad

¿La voluntad de un arcoíris? Mucho más.

Y los demás que me faltaron en mi escasa

crónica almática en verdad algo sesgada,

la exploración de simpatías en el arte

de trabajar con personitas sin desviarse

de la tarea primordial en un docente:

ser una guía en el camino, en el césped

que ha de pisar cualquier alumno y su equipaje.


© Amarante M Matus



miércoles, 12 de julio de 2023

Canto de lo cotidiano







“…por la costumbre
que nos repite y nos confirma como un espejo…”
J. L B.

Quién podría definirnos mejor que la costumbre: los actos, gestos y manías; reacciones, omisiones y respuestas. Cada serie de comportamientos y situaciones interactuando con sus constantes, y algunas variables, en el marco de lo cotidiano; luego entonces, hago una breve enumeración, sesgada y no menos gregaria, de lo que vivo, de lo que acontece por mi entorno inmediato. Hago una suma, o quizás una glosa, de los hábitos y los rituales que se instalan en el día a día, con quién convivo.

De las pinturas animadas, la primera en llegar acompañando a la rutina con la primer gota del alba, es la del despertador con su peculiar y prolongado, ¡ringgg!, poco después del cacareo de un gallo que vive lejos de su entrañable y distante ambiente rural en esta jungla de concreto e imecas. En esta imagen de Buñuel, un lejano pasado y el más moderno presente coexisten, no compiten ni se complementan, tampoco se excluyen… probablemente conviven.

Luego viene la danza de las cortinas en los locales que se preparan para la vendimia del día: la leche para los niños; el refresco de cola —uno de los proveedores más entusiasta para, y de diabéticos—; los blanquillos, fieles dotadores de la proteína en la canasta básica de la familia mexicana; la cerveza que no puede esperar al partido del domingo y es la presa favorita del adolescente bachiller cuando se vuela las clases; el café para el adulto, una de mis pocas adicciones; el bolillo para la torta o el pan blanco para el sándwich; las fotocopias de última hora en el primer minuto de la papelería, o las impresiones del trabajo para ganar unos puntos extras en la evaluación bimestral.

Y pienso en todas estas nimias situaciones, mas no triviales, mientras el agua tibia de las primeras noticias, enfría más de la cuenta o adquiere más temperatura y el desayuno radial para la química cerebral, o su anestesia, ya está hace un buen rato alimentando el músculo intelectual, espiritual o evasivo del entretenimiento, según se vea porque también está desde temprano el chismorreo que no puede faltar. La lectura de los diarios se queda para los tiempos muertos, cuando la lectura es más viva aún, o para el refrigerio en la oficina.

La muda, cuidadosamente seleccionada, del domingo al miércoles durante cada noche debe estar lista para no perder tiempo en las mañanas. Sin duda es más fácil seleccionar los jueves. A veces creo que como cuando escolar, nos facilitaría ir uniformados a algunos trabajos, que para encontrar la distinción en la masa trabajadora, están los fines de semana.

Después vienen los más de novecientos pasos para abordar el transporte público, con los quince minutos preventivos que exigen las lluvias del horario veraniego; los buenos días a todos los vecinos que me topo en el camino y la felicidad clandestina de un azaroso saludo, a quien curiosamente busco y no aparece, y aparece sin quererlo cuando no lo busco.

Los tamales y el atole, la dieta ofertada por la Doña —las Doñas— en la esquina de mi calle y en las varias esquinas más los nuestros barrios de nuestra ciudad. Un botón de muestra del espíritu que tiene nuestra gente que no se rinde ante la jodida economía y genera sus ingresos en una economía alternativa, que supongo los académicos han bautizado como informal y a la cual no han encontrado los políticos en turno y sus tecnócratas, todavía la forma de clavarle el diente —los impuestos—.

La coloquial neurosis circulando por la caótica ciudad en cientos de volantes por cada eje vial, avenida, circuito o distribuidor principal, y desde luego, en todo medio de transporte colectivo.

Una vez sorteada cualquier contingencia: el trabajo y el obligatorio ritual del beso volado en la mejilla a las compañeras del jale, como dice mi compadre (palabra de su herencia en los años del sueño americano). El ordenador que espera a ser desbloqueado para el baile del teclado, la fruta picada antes del medio día: papaya, manzana, uvas, guayaba o melón, porque si se trata de plátano, no debe faltar la crema.

Espero la hora designada a la comida, a veces con impaciencia, para salir y hacer rendir cada segundo. La hora de cada día nos debe alcanzar para tratar los asuntos personales en días hábiles y para la lectura indispensable del whatsapp, Facebook y twitter mientras se come aprisa, sin olvidar, la caminata apurada o pausada, si se ha planeado bien el itinerario de esos sesenta minutos.

Así se va agotando minuto a minuto cada día, cada tarde, cada tarjeta semanal en el reloj checador hasta que llega la novedad del fin de semana para interrumpir la rutina con algo que mantenga el sentido de lo rutinario en el margen de lo cotidiano, en los límites de la cordura, con su cuota de sorpresa que nos permite caminar sobre los ríos sin sucumbir a su corriente y desembocar en el mar una vez más: con escafandra o sin ella, con personalidad múltiple o perfectamente definida, con algo de esquizofrenia o bipolaridad exógena, padecimientos, cual sea, que se curan con una mirada que tiene nombre, con una palabra que tiene magia o una caricia que otorga vida.


Cada cosa atada a nuestros pasos y a nuestros gestos, cada instante adherido a nuestros poros palpitando dentro de cada vena, cada detalle, cada verso, cada niña quemando el tiempo conquista un espacio que nos narra, nos descubre y nos reinventa para acometer nuevamente el ritual de la monotonía y la sorpresa.

sábado, 11 de junio de 2022



 Vivo en los límites 

de las razones mágicas:

de la utopía,

de tus palabras...

y la promesa oscura

de mis ausencias.