jueves, 28 de noviembre de 2013

La analogía del trovador y el juglar: Pablo Milanés

 
El romántico consejero

 
Hoy voy apelar a mi más pura subjetividad para hablarles del trovador que probablemente más influencia ejerció en mí educación sentimental y amorosa cuando era un adolescente. De la narrativa de sus canciones, salió mucha de la teoría que más tarde aplicaría ante situaciones que se presentaron.  También me acompañó como acompañan los amigos, con sus experiencias y anécdotas que quedan en el recuerdo o algún vestigio de un día preciso, una precisa hora.

Cuando en 1974 se editaba su disco que musicalizaba poemas de José Martí, lo más parecido a un verso y su belleza, lo pude experimentar dos años más tarde en los ojos de Guillermina. Una compañera de cuarto grado que a mi amigo y a mí nos gustaba mucho. Claro que es una afirmación en perspectiva, muchos años después y en su momento sin idea de la poesía, pero con la memoria intacta puedo afirmar que esa dulce niña tenía los ojos más hermosos, capaces de inspirar las más sentidas líneas versadas.

Éste tema fue la primera canción que llegue a escuchar de aquel Versos de José Martí, el primer álbum como solista de Pablo Milanés.

Vierte corazón tu pena + Versos de José Martí 

Un año después, justo a mitad de la década sale su segundo LP y en esta ocasión tocó el turno a Nicolás Guillén. En 1975 nos despedíamos de la Colonia Portales. Terminaba mi ciclo y el de la familia por esos rumbos; las visitas cada domingo para almorzar con los abuelos paternos; la amistad con Gerardo y Ramón, hermanos de sangre y hermanos míos en el recuerdo. Año también de cotidianos viajes, auténticas aventuras en el transporte público, que comenzaban muy temprano y con un permiso especial de la directora del plantel para acceder a la escuela por si se nos hacía tarde. Estábamos por terminar el año escolar y la mejor opción era concluirlo en la “vieja” escuela.

1976, tras la mudanza y los cambios, la adaptación. Iniciaba el cuarto año en nueva escuela y en nuevo turno, la tarde. Mi amistad con Ricardo y la luz de Guillermina, de quién les hable al inicio, junto con la habilidad para dibujar fueron lo mejor de ese tiempo. Año que a fuerza de fajarse a golpes, me gané el respeto de aquellos niños que veían en el ajeno, en mí el extraño, una especie de enemigo u amenaza. En un mundo paralelo que todavía no alcanzaba pero mi futuro añoraba, Pablo con 33 años sacaba al mercado su disco homónimo. Un material marcado por la profundidad de algunas letras (“Para vivir” “El tiempo, el implacable, el que pasó”) y la reivindicación social en otras (“Yo pisare las calles nuevamente” “Canción por la unidad latinoamericana”) con un compromiso estético muy claro, lo lírico y lo popular en la armonía de la Nueva Trova.

Llegaste a mi cuerpo abierto + Pablo Milanés

Dos años después aparece No me pidas, su cuarto disco con temas como “Yo no te pido”, “Son de Cuba a Puerto Rico”, “Años” y “Ya ves”. Año del mundial de Argentina en que mi padre, quien por cierto no era nada aficionado al futbol, se sentaba con sus críos a coleccionar las figuras del momento y siempre que disponía de tiempo, miraba los partidos con nosotros. Un año antes me habían cambiado al turno de la mañana y me despedía de los hermosos ojos e inefable peinado de Guillermina y del respeto que me había hecho, para azorarme ahora con luz que destilaba la mirada de mi profesora Noemí, quien gentilmente en el 78, después de que dejará al grupo por una mejor oportunidad laboral, nos acompañó a la misa de acción de gracias, con la gracia de su persona y su sonrisa, por haber cumplido exitosamente la educación primaria. Ella era como “Canción” de Nicolás Guillén. De una callada manera se acercaba sonriendo y pintaba una sonrisa en mis párvulos sueños. La recuerdo con mucho cariño.

Ya ves + Pablo Milanés

En 1979 Pablo Milanés edita Aniversario, disco con canciones  Eduardo Ramos “La leyenda del caminante” y “Siempre te vas”; Silvio, “Que ya viví, que te vas”; Vicente Feliú “Créeme” y del poeta Martí, “Abril”. Un trabajo que rinde tributo a sus amigos, compañeros y cómplices de temas, de canciones. Yo entraba a la secundaría y ahí conocería a mis amigos Blas y Miguel pasando a formar parte de sus familias, de las bendiciones que esta vida me ha regalado inmerecidamente. En los tres años de estancia nunca volví a encontrar esa inexplicable felicidad que me producía ir a la escuela cada día, sólo con la idea e incentivo de encontrarme con mi maestra como sí ocurría en la primaria.

Para 1980 el trovador cubano nos regala Años, otro trabajo con pocos temas de él pero que va a las raíces, a la trova tradicional. A la canción popular de algunos de sus primeros trovadores, Miguel Matamoros y el son, Manuel Corona y Salvador Adams. Ese año por increíble que parezca formamos una especie de partido político en la secundaria para contender en lo que jamás se pudo concretar: un comité de estudiantes que gestionaría mejoras para el estudiantado. Creo de esa experiencia me vino lo rojillo; fue muy feo perder esas elecciones con compañeros cuyo discurso estaba marcado por la demagogia y el populismo.

Mariposita de primavera + Años

Después llega Canta a la resistencia popular chilena 1980; Filin 1981, un homenaje a los grandes del bolero cubano y en él, “Mis veintidós años”, único tema de Pablo Milanés en este disco, que algunos definen como la transición al nacimiento oficial de La Nueva Trova Cubana. De este año también es El pregón de las flores. En 1982, dentro del su álbum Yo me quedo viene la primer canción que conocí de él por interpósita persona, una de sus juglares, Guadalupe Pineda que interpretara “Yolanda” y tuvo la irreverente osadía de cambiar el nombre de dicho tema por “Te amo” en una burda estrategia comercial. Para ese año, mi aventura académica y formativa continuaba en la llamada Vocacional. De ahí, mis queridos amigos (Oscar, Mario, Raúl) y amigas (Rosa, Alma, Sandra, Ruth) que aún conservo con el favor del tiempo y que gracias a la magia de las nuevas tecnologías he reencontrado. En esa escuela conocería a Georgina, una niña de esas que enamoran a primera vista y quedaría en eso, la ilusión de un amor que jamás se concretó.

Para 1983 saldría su onceavo LP El guerrero con uno de los temas más entrañables de Pablo: “Cuánto gane, cuánto perdí”. Ese año no sólo vivía enamorado de Georgina sino también de las canchas de basquetbol. Me olvide de la escuela, los libros y las tareas. Era feliz en esas canchas y las calificaciones pasaron a segundo plano para luego pasar factura; eso y haber empezado a ganar dinero me distrajo de los estudios. Recuerdo que el Jefe de Empleados en mi trabajo me apodó Rambo, película de moda, porque un día lo defendí de unos policías judiciales abusivos que se querían colar al cine sin pagar su respectivo boleto. Eso sí, dos semanas me llevo en coche al metro para llegar sano y salvo a mi casa previendo probables represalias.

Y en 1984, sale al mercado el primer disco de Pablo Milanés que tuve entre mis manos, uno o dos años más tarde, Comienzo y final de una verde mañana. La plenitud de mi encuentro con este trovador ya estaba sellada con canciones como “Yo no te pido” “Para vivir” “Canción” y “Años” pero tener un disco de él fue otra cosa. Un placer fetiche que comenzó por quitar el celofán que le protegía para después ponerlo en la tornamesa, previa limpieza de la aguja y empezar a conversar con sus canciones.

El 18 de noviembre de 1988 tenía cinco boletos disponibles para ir a uno de sus conciertos en el Auditorio Nacional. Meses antes había contactado a Georgina, la quería invitar a ese concierto como regalo de cumpleaños. Me parecía el momento propicio para acercarme a ella pero creo la asustó mi repentina aparición e interés después de cuatro años de no tener ningún tipo contacto; sí de por sí, en su momento fueron apenas unas charlas de minutos, mi aparente desparpajo y seguridad no ayudaron a ganarme su confianza. De todos modos no importó porque disfrute mucho de ese recital en compañía de Gerardo, Darío, Rogelio y Rodrigo.

No ha sido fácil + Comienzo y final de una verde mañana

En 1993, “No ha sido fácil”, que encabezaba una larga carta a manera de poética introducción, me permitió reconciliarme con Elizabeth. Lo que aprendí con toda la teoría romántica y amorosa que conllevan las canciones de mi querido Pablo me permitió salvar una relación, con la cual crecí mucho y me enseñó a no guardar más las cosas en asuntos del corazón.

Es así como llegamos al final de éste jueves de Analogías. Espero no haberlos aburrido con este pequeño ensayo de diario con el pretexto de la música, de la trova. Ésta entrega es en honor a mis compañeros de publicaciones semanales Jaime y Johnnie, de cuyos estilos me he servido para construir este texto. También quiero dedicar éste tema con que despido la parte musical a mi hermosa amiga Yisel. Buen día.

El amor de mi vida