jueves, 14 de noviembre de 2013

La analogía del trovador y el juglar: Joaquin Sabina

El contante híbrido

Nació en ciudad Úbeda, Jaén.
Creció con el rosario de Sabina;
misticismo y poemas, la paterna
herencia del comisario rehén.
 
Su filia, a la izquierda del retén
le exilió con Miguel, Juan y la Reina.
Parra y Serrat, su amorosa retina
por las calles, por el londinense tren.
 
Una oración de Adela oyó el creador,
a cuentas mandó llamar al Dictador
y la amada Patria, al hijo abrazó.
 
Primero, un inventario sin retraso.
Luego, el atraco de almas más intenso.
Hoy, un ciento volando alrededor.
 
Abrimos, pues, este jueves  con un registro del genio Joaquín Ramón Martínez Sabina; aquel joven que soñaba con dar clases de literatura en algún instituto como lo hizo alguna vez su querido… admirado Machado. Sueño que en cierto sentido se cumplió  al colaborar en el Club Antonio Machado, frecuentado por emigrantes y exiliados, en 1975 durante su exilio en Londres.

Iniciamos con 1978, año de poéticas letras en lúdico Inventario. Un trabajo rico en melodías, ritmos y letras. En él, conquista con la sonoridad nostálgica del piano las palabras recuperándolas como cuerpos; a ritmo de tango, nos regala la crónica del quinielista y acompañada de un vals la poesía salió a bailar reivindicando el 68; está el discurso trovadoresco de la dama y el pastor o en la canción  para las manos del soldado. El humor de su inteligencia no podía faltar, entonces llega el vecino para auxiliar o los tratados de la impaciencia en decena para al final no presentarse a ciertas citas  o desaparecer. Se perfilaba el cantautor Joaquín Sabina, pero en el 79 su música se decanta por la seducción del rock español y continuaría explorando con sus letras por esa veta desde el sótano de un bar.

1968 + Inventario
Dos años después se presentan las Malas compañías en su piso del cabalístico 7, por su “Calle melancolía”. Una letra de poéticas, ambivalentes y urbanas imágenes montadas en sentimental melodía. Una canción maricona que estrenó en el bar madrileño La Mandrágora, pequeño sótano, donde unos años dos veces por semana, felizmente se presentaba al lado de su gran amigo y mentor, Javier Krahe. “Calle melancolía” ya pronosticaba la trascendencia del cantautor Sabina, junto con “Pongamos que hablo de Madrid”, tema que cantará en el programa de Fernando García Tola, de los más importantes de la época. En éste, su segundo disco, aparece un recurso muy lúdico y recurrente en sus letras, las citas a personajes bíblicos, para desmitificarlos y tornarlos carnales, seres mundanos y urbanos.

Mi amigo Satán + Malas compañías

En 1981 se editó un disco en directo, homónimo de La mandrágora, precisamente con los cantautores Javier Krahe y Alberto Pérez, acompañados por el guitarrista Antonio Sánchez.

En 1984 sale al mercado Ruleta Rusa, un LP enteramente marcado por los sonidos del rock, al igual que Juez y parte de 1985. Los años de exilio en Londres con su tradición musical, así como la admiración e influencia de Dylan ya se respiran en las melodías y el ritmo de estos dos álbumes, los más rocanroleros hasta ese momento. Las letras, su lírica… no renuncian a los cánones de lo poético.

Caballo de cartón + Ruleta Rusa
En 1986 aparece Joaquín Sabina y Viceversa, el segundo en complicidad artística y en directo, pero ahora con esta banda con quien ya había trabajado en Juez y parte. El rock continúa siendo el género que roba. Con éste trabajo llega el salto al gran público y las grandes ventas de discos.

Un año después confirma el éxito con Hotel dulce hotel, álbum caracterizado por la madurez musical de raíz rocanrolera.

Así estoy yo sin ti + Hotel dulce hotel     
Una década después de su primer disco, 1988, llega EL hombre del traje gris. Lo presenta en Las Ventas y viene una gira por este lado del charco, América con los destinos México, Argentina y Venezuela. Éste fue el primer disco que conocí de él, el que me conectó con el genio español de Jaén aún en el viejo formato del LP. Como solía pasar otrora con muchos discos, uno los compraba por un tema en particular. “Quién me ha robado el mes de abril” fue el canto de sirena que me sedujo y cuando me dispuse a escuchar éste plato, el primer acorde de “Eva tomando el sol” me retrotrajo sin ningún referente claro los imberbes años de la secundaria. Aparecía nuevamente esta cita bíblica, al personal libro sagrado del poeta Sabina y sus héroes urbanos. Musicalmente su rock va adquiriendo un tono menos popero, más sobrio, más blues.

Dos años después se edita Mentiras piadosas y se confirma esta madurez artística, tal vez producto de su sociedad con Pancho Varona con quien fundó un año antes Ripio, empresa editorial dónde desde entonces, registrará todas sus canciones.

De éste álbum, el  noveno, es “Medias negras” una de sus mejores canciones, musical y líricamente hablando. Una crónica donde están bellamente contadas muchos de sus amores y obsesiones en un blues que cierra a ritmo de son ¡Que al fin y al cabo! Ambos son hijos del continente africano.

Medias negras + Mentiras piadosas
En el 92 sale al mercado Física y química. En éste trabajo es patente la experimentación de Sabina por una sonoridad más allá que la del género de su preferencia, el rock. Era como volver a Inventario que precisamente se destacó por la riqueza musical. Es algo así como el retorno del cantautor que viste sus letras de múltiples influencias y tradiciones musicales. “Y nos dieron las diez” es un claro ejemplo; “Amor se llama el juego” es otro; una especie de balada con matices de blues y rock. Cuando sale su álbum Esta boca es mía, la canción que da el título al disco pareciera encargada de crear una atmósfera, probablemente ya iniciaba su admiración por Cohen.

En fin lo que quiero decir es que recuperamos al cantautor para bien de sus creaciones líricas y regocijo del respetable. Para muestra un botón con la fusión del jazz con sonidos caribeños.

Besos con sal + Esta boca es mía
Y como no los quiero aburrir, hasta aquí dejo esta entrega del genio de Úbeda, hijo del policía que lo entregó en Granada. Seminarista que la Guerra Civil aparto de los votos, pero no consiguió arrebatar su formación latina y clásica, ni de su memoria la poesía que recitaba de San Juan de la Cruz, Lope de Vega y Calderón de la Barca, que seguramente heredó a su oveja negra, el gusto por ella… la poesía y sus curativos poderes.

Dedicado a mí Loca Dulcinea Texana, amante de Sabina, a quién pocas cosas se le pueden reprochar, y de haber motivo para ello, serían fácil de perdonar.