viernes, 26 de abril de 2013

EL PASEO



Tenían tiempo de no pasear; años de no conocerse y conocer a alguien. Un día ella salió a caminar por el parque, se descalzó y dejó que la textura de aquella accidentada alfombra llena de colorido y vida le hiciera cosquillas en las plantas.
Él caminaba por la acera y ya traía cientos de metros en el registro de sus mocasines. Quería despejarse, olvidar la presión del trabajo. Por inercia se dirigió hacia una banca de aquel parque cuando el guiño de aquellos pies desnudos llamo la atención de las suelas cansadas pero alertas de sus cómodos zapatos.
Una corriente eléctrica en ambas direcciones subió por sus extremidades, hasta disparar una sonrisa que culminó con rumbo a la fortuna compartida de ese encuentro. La dicha de caminar acompañados por la ruta de la esperanza, nació ese día.