jueves, 21 de febrero de 2013

La catarina y Pablo






Porque necesitaba respirar la paz, la magia de aquel lugar, Pablo salió unos segundos al jardín. Allí, una simpática Catarina voló hasta posarse en su mano y compartió con él las esencias del color en ese, su espacio. Pablo, agradecido, por corresponder a la gentileza de tan diminuto pero portentoso ser, le habló de Laura; del milagro de su presencia y del amor que había puesto en aquella casa, especialmente en la lozanía del jardín que construyó poco a poco con el entusiasmo de sus manos.

También le contó de la ocasión que Laura fijó sus primeras huellas, sus primeros toques, llenando de vida su hogar. Por último, le platicó de cuánto la extrañaba pese a vivir en el jardín después de un trágico accidente.

Una lágrima rodó por su rostro y al caer bañó a su eventual amiga. La Catarina, emocionada por el sabor de tan íntima sustancia, obsequió al jardín en arrebolado vuelo un perfume de nostálgica felicidad evocativa del olor a Laura que Pablo, desde ese día, sale a respirar cada mañana.



Amaranre M Matus.
* Gracias Gavrí por el apoyo y las sugerencias.