martes, 5 de febrero de 2013

La analogía del trovador y el juglar: Fernando Delgadillo


 
El creador de la canción informal

Es complicado hablar del poeta urbano de la prosa sencilla y el verso libre; de la lírica del autorretrato y las emociones.
 
Del cantor que tuvo que definir su hacer, su creación como “Canción informal” para mantenerse a salvo de las categorías o los géneros. Para salir de la prisión de las etiquetas y trovar desde el corrido, el bossa-nova, el folk u cualquier género o ritmo que salga de su guitarra.
 
Un hacedor que en la madurez que ha alcanzado y con ella, la humildad acompañándole, reconoce al juglar (el intérprete) en su fundamental aportación de dar a conocer el trabajo del trovador (el compositor).
 
Fernando Delgadillo Inició en un grupo folklorista llamado Huancayo tocando las percusiones hasta que en 1986, a la edad de veinte años lejos del hogar paterno, acompañado únicamente de su guitarra y canciones, comienza a cantar y dar clases de guitarra en la peña: El Sapo cancionero.
 
Nuestro trovador reconoce como influencias a Cri Cri, José Gorostiza, Octavio Paz y la trova. Yo además encuentro en su estética e lírica a Don Chava Flores y nuestro admirado y admirable Oscar Chávez.
 
A Fernando Delgadillo le gusta escribir sobre cosas que le emocionan, que le conmueven. Compone sobre cosas que sueña, se imagina en ellas o que ha vivido pero que intenta sean tocadas por lo universal. Le encanta la idea de hacer canciones e interpretarlas y posee una característica primordial en los trovadores: confía en la recomendación boca a boca de un trabajo realizado lejos de los circuitos comerciales.
 
Su definición de la canción informal y la manera como compone sus canciones, la explica de un concepto, la sustancia poética, que encontró en Gorostiza. Algo más o menos así: se trata de intentar con ella, la sustancia poética, relacionar una palabra con otra y otra y otra… hasta formar una especie de línea y, que cada línea vaya conduciendo hasta un lugar dentro de nosotros que no conocemos, de manera tal que vayamos al encuentro de decir cosas universales con las cuales los demás se puedan sentir identificados.
 
Aunque no lo crean, no fue sencillo; espero esta breve reseña sea de su agrado y para despedirme quiero parafrasear un poco a nuestro cronista de los viernes: para hacer una buena trova sólo se necesitan dos cosas, un poeta con su lírica y su infaltable fiel compañera, la guitarra.
 
Buenas madrugadas.
 
Por favor escuchen qué cosa más bella la canción con la que cierro esta entrega: una fusión de poesía y trova ligada a “Bienvenida”