miércoles, 6 de febrero de 2013

La analogía del trovador y el juglar: Pedro Guerra


El canario y su bello canto

 


Continuando por la Madre Patria este periplo semanal, recuerdo que la primera vez que escuche a Pedro Guerra fue en una fiesta de amigos. Ya en la madrugada y con la bohemia casi por aterrizar, Salvador, la pareja en ese entonces de mi amiga, ponía algunos temas en su aparato de audio de nuestro convocado hoy ¡Como no identificarse con “Dibujos animados”!, canción intimista, muy personal de nuestro cantautor. Por cierto, uno de sus primeros temas en esas 17 “Golosinas” que conforman su primera producción de 1995.
 
Pedro Guerra tuvo que salir de las Islas Canarias para crecer como artista. Llegó a Madrid en 1993 e inmediatamente su música y composiciones prendieron con gente muy querida y respetada en España: Ana Belén, Víctor Manuel San José, Joaquín Sabina, Martha Sánchez, Paloma San Basilio, Amistades Peligrosas y Cómplices. “Golosinas” incluye el tema de “Contamíname” que grabara la intérprete Ana Belén.
 
Reconoce como sus mayores influencias a Silvio Rodríguez, Caetano Veloso, Fito Paez y The Beatles. Pedro es un cantautor cuyas composiciones están inspiradas en la sencillez de lo cotidiano: en la vida, en él mismo, en la percepción e interpretación del mundo, en su sentir y lo que cree es el sentir de la otredad que al final resulta en universal al encontrar está dinámica de idas y vueltas que forjan su punto de vista.
 
Mis canciones son mi punto de vista,
mi visión, eso es lo que yo aporto.
Mi punto de vista tanto musical como en las letras.
 
Nos describe en sus palabras el proceso de la creación de la siguiente forma.
 
…sólo sé que uno intenta expresarse a través de la música,
escribes una letra, le pones una melodía,
tienes unos acordes, haces una canción.
No lo sé. A veces se dan ciertos momentos llenos de lucidez
donde coincide que letra y la música forman
 así como un engranaje casi perfecto.
 
Sin más preámbulos escuchemos a Pedro Guerra con “Lazos”, después con “Siete puertas”para cerrar este breve recorrido con “5000 años”.