martes, 5 de febrero de 2013

La analogía del trovador y el juglar: Alejandro Filio


Filio y Gómez, el hombre y el trovador
 


Hola mis queridísimos compañeros de aventuras trovadorescas juevecinas. Hoy vamos de regreso a nuestro querido México con uno de los trovadores o canta autores –como a ustedes mejor os parezca llamarles- contemporáneos, vigentes y de mucha reconocimiento de aquí al cono sur, pasando por España, por supuesto.
 
Con más de 30 años de fructífera carrera y con 19 afortunados discos llenos de hijos en su haber ¡Claro! Si nos atenemos a la hermosa definición que nos ha regalado de la trova: El matrimonio amoroso de un alma con una guitarra, en donde la consecuencia lógica de esta unión, de tamañas dimensiones, son los hijos… las naturales canciones. Que por cada idilio materializado en álbum entregado, siempre encontramos algo digno de la mezcla armónica pero siempre ambivalente entre Alejandro Gómez el hombre y Alejandro Filio el artista.
 
Alejandro Filio desde los 16 años encontró su vocación de trovador y desde entonces ha venido haciendo de las expresiones de los sentimientos -los de él y los demás, de las emociones que siempre sacuden a un alma, de las reivindicaciones sociales de nuestro México y de nuestra américa y del mundo, de la conciencia siempre en evolución desde su adolescencia hasta estos momentos de madurez que vive: su trabajo.
 
Un trabajo que ha logrado mantener con dignidad la plenitud de dos pilares que desde muy joven pacto consigo mismo: estética y ética. Definiciones de vida que responden antes que a otra cosa al hombre congruente, que alimenta al artista comprometido.
 
Un trabajo a partir del híbrido conformado de melodía y mensaje; de la hibridación de sus notas musicales emanadas de la guitarra por un lado y de la poética que como buen observador de si y de su entorno, brota a golpes inspiración por otro.
 
Un trabajo que en la sencillez del mismo puede encerrar la complejidad de su misión: “Ambientar las cosas importantes que hay que decir” puesto que “todos tenemos un amor, un tiempo para dar, un ciclo.” Y ese amor es quien nos conduce a señalar lo que marcha mal. Es quien pone cimiento a la ética para hacer lo correcto y a la estética para hacer lo bello. Es el amor necesario para sumarnos a la protesta o hacer las propuestas; para alejarnos cuando los ciclos terminan dando oportunidad a los nuevos regalos que nos llegan; para aceptar los designios que no están en nuestras manos y construir con nuestros hermanos lo que está en nosotros. El amor… fraternidad que no nos permite claudicar cuando se trata de conquistar sueños y compartirlos.
 
Es como dice Filio con ese lenguaje de creador: “La materia del trovador es muy extraña, incluye una forma tozuda de ser, rebelde; al mismo tiempo una forma amorosa, sincera, congruente y fiel… los trovadores somos cronistas de lo que sucede, eso es la trova, la trova habla de verdades.”
 
La música en sus palabras: “es la manera más perfecta de expresión, es su encuentro con el mundo, es su forma de existir y ser” y él, como todo buen trovador va haciendo suyo lo que lee del mundo generando procesos de identificación y simpatías que van constituyendo el sentido del noble oficio del trovar, una y otra vez más, recogiendo pedacitos de realidad para compartirlos, con sus convidados, envueltos en esos maravillosos cantos.
 
Para quienes somos unos enamorados de la luna, amantes de los rumores de la madrugada e masoquistas amantes del insomnio esta entrega de su primer producción de 1988 “Hay luz debajo”: “Luna llena”.
 
De su álbum “Filio” de 1991 está puntual crítica al hermano lobo del Tío Sam.
 
Quizás uno de los sueños… proyectos más acariciados e importantes en su carrera y que fue concretado en 1998: tenemos “Un secreto a voces”. En él, lo acompañan trovadores de Cuba, España y Argentina y la juglar peruana Tania Libertad. “No te cambio”, acompañado de Santiago Feliú, es una canción evocadora de ese idilio entre la creación donde no se sabe si habla a su musa o a su otra inseparable compañera. Da igual, porque la belleza del tema con la mancuerna de las emotivas voces nos lleva a viajar tras ellas en dulce entrega, montados en su lírica llena de su suave melodía en íntimas cuerdas.
 
Y de su última entrega de 2011 “Buscando el alma”, un ejercicio de introspección como lo sugiere el título del miso álbum, ésta última canción “Olvidaba decirte”. Imposible no identificarse para aquellos que han perdido a quien les dio el ser. Una bella canción que alivia el alma que se quedó con tantas cosas… con tantos secretos y tantos decires que en un acto de contrición apenas se puede encontrar algo de aliviador desahogo.
 
En otra entrega volveremos a él porque aunque hay pocas cosas que se probablemente quedaron en el tintero, siempre es importante terminarlas de decir.