lunes, 22 de abril de 2013

BIOGRAFÍAS: María Félix


María Félix: La creación de una estrella


María Félix nació en Sonora el 8 de abril de 1914, hija de Bernardo Félix y Josefina Güereña su verdadero nombre fue: María de los Ángeles Félix Güereña. Desde su infancia quería ser diferente y siempre manifestó su desinterés por ser como las demás niñas. Prefería jugar con su hermano Pablo, con quien se generó un vínculo muy especial, ya que en su carácter coincidían bastante. Desde muy corta edad, mostraba una fuerte personalidad. Una ocasión fue expulsada de la escuela y tuvo que quedarse a estudiar en casa, mostrando su naturaleza rebelde e inteligente a pesar de su problema: era tartamuda, razón por la cual se abstenía de participar en las conversaciones.

Bernardo Félix era un padre rígido y cuando lo nombraron Director de la Oficina Federal de Hacienda de Guadalajara, toda la familia se trasladó a la capital del estado.

Desde la adolescencia María lucía como una joven muy bella y desarrollada, esto provocaba envidias  a su alrededor y la relación que tenía con su hermano ya no estaba bien vista, sobretodo por su madre, pues ya no veía con buenos ojos sus juegos y el apego que ambos mostraban. Sin embargo, ellos tenían mucho en común, él era para María como un ídolo y cuando su madre se percato que aquella relación ya no era como la de dos hermanos,  comenzó a separarles, hasta decidirse a enviar a Pablo a la Cuidad de México al internado del Colegio Militar. Tiempo después María volvió a ver a Pablo y quedo fascinada con él, pero al poco tiempo de esta visita Pablo se suicido en el Colegio Militar. María cayó en una gran depresión dado el significado de Pablo en su vida. Este acontecimiento marcó especialmente su vida.

A los 16 años participó en un concurso de belleza con los alumnos de la universidad y fue elegida reina; éste fue el primer reconocimiento a su belleza. Meses después  conocería a quién en poco tiempo sería su marido, Enrique Álvarez, agente de ventas de los cosméticos Max Factor hijo de una familia acomodada. María y Enrique tuvieron un corto noviazgo. Ella pensaba que al casarse conseguiría la libertad tan anhelada, pero al parecer sólo pasó de una cárcel a otra. Su matrimonio desde el principio fue un desastre; su marido era un hombre sumamente celoso y en ocasiones llegó a maltratarla. María se embarazó y esperó con gran ilusión su único hijo: Enrique Álvarez Félix quien naciera el 6 de abril de 1936, dos días antes de su cumpleaños.

El fracaso de su matrimonio y las infidelidades de su marido la llevaron al divorcio. Regresó a casa de sus padres llevando al pequeño Enrique consigo para tiempo después partir a la Ciudad de México a los 26 años.

Al llegar al D. F. se hospedó en una casa de asistencia y consiguió trabajo como recepcionista  en el consultorio médico de un cirujano plástico quien estaba más interesado en ella como modelo que como secretaria. Meses después, el padre de su hijo solicitaría su consentimiento para llevarse al niño de vacaciones. Ella accedió, pero tiempo después él se negó a devolverle al niño y por medio de influencias quiso quitarle la patria potestad del pequeño Enrique.

En 1940 mientras miraba los escaparates de una tienda se le acercó un hombre, el productor Fernando Palacios, quien resultara ser su descubridor y, deslumbrado por la belleza de María le propondría trabajar en cine.

Después de varias presentaciones en actos públicos, su personalidad impactó tanto a actores como a productores  recibiendo una invitación de los hermanos Calderón, para representar en los Ángeles la belleza de la mujer mexicana en la celebración de las fiestas de independencia.

A su regreso, recibió varias propuestas para trabajar en pequeños papeles y por supuesto las rechazo. Su idea era debutar en plan estelar.

Estuvo bajo la tutela de Palacios durante dos años, tiempo en el que éste la preparó. Gabriel Figueroa le hizo una prueba de fotografía que le ayudó a conseguir su primer protagónico al lado de Jorge Negrete, en ese entonces figura reconocida en el medio artístico. Su primera intervención en la industria fue en “El peñón de las ánimas” de Miguel Zacarías, quien le proporcionó un entrenamiento previo. Durante meses se dedicó a enseñarle todo lo necesario para que ella adquiriera los modales requeridos para el cine; lo más difícil fue corregir su tartamudez y Zacarías lo consiguió; logró que María lo controlara hablando pausadamente. Zacarías declaro: “María es una mujer hermosísima, posee un esplendor increíble, pero hay que  quitarle la arrogancia, la insolencia” (AGRASANCHES R., 2000: 28 ).

Jorge Negrete se negaba a compartir el estelar con una debutante como ella y estaba abiertamente en su contra. En aquel tiempo vivía un tórrido romance con la actriz Gloria Marín,  su coestrella en una película anterior. Juntos habían alcanzado mucho éxito y él quería volver a actuar con ella, sin embargo, María le fue impuesta. La filmación se desarrolló en un ambiente de mucha tensión y nadie podía imaginar que diez años después, el odio se convertiría en amor y se consumaría en matrimonio.

La prensa, puntual para la proyección de la reciente estrella comentaba el descubrimiento de una nueva y bella figura. Los productores con su  buen olfato y previendo la promesa de María, el estrellato, aun sin haber terminado el rodaje de “El peñón de las ánimas”, le ofrecieron un contrato para protagonizar la película “María Eugenia”, acompañada de Rafael Baledón. Cuando se estrenó “María Eugenia”, la recién llegada a las pantallas era ya una gran estrella. En los anuncios de la película su nombre, acompañado de una foto suya, aparecía por encima del título del filme. María de los Ángeles Félix renunciaba a su segundo nombre y desde entonces se le conoció como María Félix.

La tercera oportunidad en el cine la tuvo con “Doña Bárbara”, adaptación de la novela de Rómulo Gallegos. Él mismo quiso que le diesen el papel. Doña Bárbara era una mujer de aspecto masculino, pero muy hermosa. Erguida sobre su caballo campeaba con sus pantalones para montar y un látigo en la mano. Se había convertido en una devoradora de hombres implacable y resumía con pocas palabras su opinión sobre los mismos: ¡Asco de hombres! Esta película marcó la carrera y la vida de María Félix para siempre. Así nació la María devoradora de hombres, la mujer sin alma, la mujer fatal. Paco Ignacio Taibo I, señala en su libro La Doña que: “Doña Bárbara era tan María, que María era para siempre la Doña”.

Personaje e interprete se  habían vuelto un solo ser. Productores y guionistas pronto entraron en el juego e hicieron un cine para ella, para ese personaje llamado  María Félix, en gran medida creación de sí mismo a través de un trabajo basado en la disciplina y una férrea voluntad. Con sus desplantes resumió este fenómeno: “Mi oficio ha sido ser guapa, pero una guapa con entendederas, para saber qué me convenía en el cine y qué en la vida.”

El actor Tito Novaro le presentó a Agustín Lara, el músico más popular de México. Novaro lo hizo porque era amigo de Agustín y porque sabía lo mucho que María lo admiraba. Agustín la acompaño al estreno de “Doña Bárbara” y elogió mucho su actuación. Luego la invitó a cenar y comenzaron sus amores. Poco tiempo después se casaron. Pasaron su luna de miel en las playas de Acapulco y fue cuando el genial músico, inspirado como nunca, compuso “María Bonita”. Su canción vals fue en un himno entonado para María en cualquier parte del mundo en que se presentara.

Era considerada por todos como una mujer dichosa. Tenía un esposo rico y famoso que la adoraba; los directores de cine se la disputaban como estrella de sus filmes y recibía sueldos fabulosos. Tenía una casa bonita y cómoda, pero lo más importante para ella era haber conseguido recuperar a su hijo con la ayuda de Agustín.

María Félix y Agustín Lara comenzaron a tener problemas; Él le acusaba de infidelidad y comenzaba a celarla de cualquier hombre. De sus múltiples peleas, hubo una en la cual intento asesinarla de un tiro; para fortuna de ambos la bala no alcanzó a dar en el blanco y aunque Agustín le pidió perdón, ella decidió dejarlo para siempre poniendo fin al matrimonio.

Después de ese fracaso comenzó a relacionarse con el millonario Jorge Pasquel, quien la colmó de grandes regalos además de proponerle matrimonio. La lección la había aprendido y ella lo rechazo porque el señor Pasquel era un tipo muy celoso. Mientras tanto, su carrera continuaba en ascenso: causó furor con “Doña Diabla”, un papel clave en la construcción su personalidad, en la creación del personaje.

Recibió una propuesta para filmar en España la versión cinematográfica de la novela de Blasco Ibáñez, “Mare Nostrum”, donde su coestrella sería el famoso actor español Fernando Rey. A su llegada a la madre patria tuvo un gran recibimiento por parte del público. Después de “Mare Nostrum” filmó “Una Mujer Cualquiera” también en España mientras que en México era galardonada con  su segundo Ariel en 1949 por “Río escondido”.

Regresó a México después de haber vivido tres años en España; su fama había crecido y por esa época conoció a Salvador Novo y Diego Rivera. Diego le pinto un retrato al óleo donde aparecía con un traje blanco, transparente, con los hombros descubierto y revelando su cuerpo entre encajes. El retrato no fue muy de su agrado mas Diego estaba loco por ella. Tan lo estaba, que llego al grado de proponerle matrimonio sin importarle que ya estuviera casado con la pintora Frida Khalo.

Vuelve a España para filmar “La noche del sábado”, y acepta la propuesta de trabajar en el cine italiano. Ahí conoció al poeta francés Jean Cocteau, que escribió una historia para cine especialmente para que ella la interpretase: “La corona Negra”. Fue la época en que se relacionó  con muchos intelectuales.

La película que finalmente la convertiría en una estrella de Europa sería “Mesalina”, una producción costosa después de la segunda guerra mundial. Convertida en la figura cinematográfica mexicana más admirada y mejor cotizada, viajó a Argentina para estelarizar el filme “La pasión desnuda”, al lado del actor argentino Carlos Thompson, quien se enamoró perdidamente de ella y le propuso matrimonio; ella aceptó, pero antes de casarse se arrepintió.

Después de cuatro años de ausencia, a su llegada México, lo que más le sorprendió fue el recibimiento con un ramo de rosas en la mano de Jorge Negrete, quien diez años antes había sido su acérrimo enemigo. En 1952 ambas estrellas se relacionan sentimentalmente y finalmente se casan el 18 de octubre del mismo año. Se dijo que aquélla, había sido la boda del siglo.

Desde 1949 no filmaba en México. A su regreso fue contratada para filmar “Camelia”, luego haría dos películas más junto a Jorge Negrete: “Reportaje” y “El rapto”. Iría luego a París para filmar “La bella Otero”. Cuando Jorge Negrete muere en los Ángeles, María regresa a México para los funerales,  y después vuelve a París para concluir la filmación de “La bella Otero”. En Europa también Filmó con Jean Renoir “French Can Can” donde uno de sus coestrellas fue Jean Gabin. Además, filmó al lado de Yves Montand “Los héroes están fatigados”.

Después regresaría a México para filmar, “La escondida”, junto a la única figura que nunca podría opacar en la pantalla: Pedro Armendáriz. Fue en esa época que llegó a su vida el banquero Alex Berger, un hombre culto con quien se casó el 22 de diciembre de 1956 y regresó nuevamente a París. Lo relevante de su relación con Alex, fue el hecho de que él le permitió continuar en el cine, respetaba mucho su carrera y ella compartía con él sus éxitos. Después de casarse con Alex filmó, “Flor de mayo”, del novelista Vicente Blasco Ibáñez; y filmó con el actor norteamericano Jack Palace.

Con Pedro Infante protagonizó “Tizoc” antes de que éste muriera trágicamente en un accidente aéreo. Cuando la llamaron a filmar “La cucaracha”, pidió que Dolores Del Río fuese su coprotagonista. En el elenco también estuvieron Emilio “EL Indio” Fernández y Pedro Armendáriz. Tiempo después filmó “Miércoles de ceniza” junto a Arturo de Córdoba; la cinta fue un éxito. Con Luis Buñuel filmó la cinta franco americana “Los ambiciosos”; el protagonista masculino fue el francés Gérard Phillipe. En ésta cinta su personaje era de una gran crueldad y el choque de temperamentos de los actores era muy evidente en la película.

María destacó en la industria cinematográfica nacional, latinoamericana y europea, pero siempre se negó a participar en la meca del cine norteamericano. Su primer desnudo lo hizo a la edad de 49 años en la cinta “Amor y sexo”.

Siempre llevó una buena relación con su hijo Enrique Álvarez Félix, quien se graduó en la carrera de ciencias políticas, pero luego decidió seguir los pasos de su madre y convertirse en un actor destacado, consiguiéndolo.

Tras 18 años de matrimonio, murió su esposo Alex Berger en 1974 y al poco tiempo también su madre. Después de estas pérdidas sufrió una fuerte depresión.

La última cinta que protagonizó antes de retirarse fue “La genérala”. Luego decidió dedicarse al cuidado de la cuadrilla de caballos que su marido le había heredado. Tres años después su amigo Miguel Alemán Velasco, le pidió trabajar en “La constitución”, una novela histórica.

A los 67 años conoció a Antoine Tzapoff, un pintor francés 29 años menor que ella. La diferencia de edades no fue un impedimento para que se estableciera una relación de 18 años, que culminaría con la muerte de ella.

Murió el 8 de abril de 2002, día de su cumpleaños número 88, de un paro cardiaco mientras dormía. La noticia conmocionó al mundo. Su pueblo le lloró y le acompañó en su último adiós. Los mexicanos se despedían de la última diva que tuvo el cine de la denominada época de oro.

María Félix logró consolidar la personalidad que caracterizó al personaje en que se convirtió a partir de la cinta “Doña Bárbara” (1943) de Fernando de Fuentes. Su vida tuvo un cambio radical, al punto de vetar una personalidad propia para dar paso al mito que construyó alrededor suyo. La cinta es una historia de Rómulo Gallegos y lo más notorio de la película es la voluntad femenina que muestra la protagonista: “Lo memorable es la masculinización del temple femenino. Más que un personaje excepcional, Doña Bárbara es para María la clave del quebrantamiento del machismo de la industria, que inmoviliza a las presencias femeninas en razón de la inferioridad de su sexo” (MONSIVÁIS C., 2002: 72).

En la mayoría de sus películas María representó a la mujer fatal, fría y calculadora: “La mujer sin alma” (1943, de Fernando de Fuentes), “Amok” (1944, de Antonio Momplet), “Vértigo” (1945, de Antonio Momplet), “La devoradora” (1946, de Fernando de Fuentes), “La mujer de todos” (1946, de Julio Bracho), “Que Dios me perdone” (1947, de Tito Davison) y “La diosa arrodillada” (1947, de Roberto Gabaldón). En estas cintas, a su disposición tendrá una serie de hombres sometidos a su voluntad; y aunque esté condenada al amor, a la soledad o al final trágico, la única opción para su destino parece ser el castigo pagado con el fracaso existencial por su actitud hacia la vida como mujer altanera y rebelde.

En “La mujer sin alma”, María se queda sola, aislada por su falta de escrúpulos; en “Amok” muere en un intento de aborto; en “Vértigo”, asesina a su amante; en “La devoradora”, el amante la mata de un tiro el día que ella se casa por interés; en “La mujer de todos”, la soledad es la recompensa de su traición; en “La diosa arrodillada”, el amante (Arturo de Córdoba) se suicida.

Durante su periodo de filmación en España, Francia, Italia y Argentina, periodo que comprendió de 1948 a 1952, sus películas fueron algo mediocres. Se considera que fue la etapa más pesarosa de su filmografía y “si en rigor nunca es actriz, en sus películas en el extranjero apenas resalta su presencia” (MONSIVÁIS C, 2002: 74).

Ismael Rodríguez en 1959 con “La cucaracha”, tuvo la oportunidad de reunir a cuatro de las grandes mitologías del cine mexicano: María Félix, Dolores del Río, Pedro Armendáriz y Emilio “El Indio” Fernández. Esta cinta le permitió a los personajes interpretados por María y Dolores, pero especialmente a la primera, trabajar y explotar el tema de la revolución haciendo resaltar la participación de la mujer presente en aquella época en la figura de la soldadera. A partir de ésta y de una serie de películas en las que participa, la figura de la soldadera se vuelve imprescindible, como lo demuestran las cintas: “Juana Gallo” (1961, de Miguel Zacarías), “La bandida” (1963, de Roberto Rodríguez), “La valentina” (1966, de Rogelio A. González) y “La genérala” (1970, de Juan Ibáñez). “La Doña es la caudilla inolvidable por el rostro, inaccesible por el énfasis viril. El levantamiento de cejas es el preámbulo de la tormenta, y la voz grave le confiere a frases simples el aire de sentencia inapelable” (MONSIVÁIS C., 2002: 75).

Las últimas cintas que filmo fueron: “Si yo fuera millonario” (1962, de Julián Soler) y  De amor y sexo” (1963, de Luis Alcoriza). El mito de La Doña se mantiene hasta su retiro, más de la personalidad forjada a golpes de oportunidad e inteligencia, que de una plataforma cinematográfica respaldada por cintas como “Enamorada” o “Río escondido”, que fueron más una excepción que la regla en su carrera, ambas de Emilio Fernández.

La vida de María Félix a los años siguientes de su retiro, transcurre entre homenajes, relaciones sociales con gente de poder e intelectuales y opiniones que suscitan a la crítica. El único momento reconocido del quebranto de su personalidad fue el que llegó con la muerte de su único hijo, Enrique Álvarez Félix.
 

 
-AGRASÁNCHEZ, Rogelio Jr., Miguel Zacarías, creador de estrellas, Universidad de Guadalajara, México, 2000.

- MONSIVÁIS C., “Nadie podrá inspirar lo que tu inspiras”, Proceso, 14-04-02