jueves, 4 de octubre de 2012

Reflexiones desde la cueva



La soledad




Soledad: dulce ausencia de miradas* y de ruido, de contaminante ruido que no sólo lastima los oídos, sino aturde el sentido y altera el decurso natural de las relaciones los afectos y los amores; degradante distractor de la atención en lo importante por el escándalo que genera; enervante niebla multiplicadora de la irritante incomunicación de los seres.
La soledad no es un estado del que quisiera escapar sino un espacio vital para rencontrarme, restaurarme y vacunarme de la septicemia contaminante de algunas miradas y decires patógenos, entes mórbidos para el alma.
La soledad está mal valorada porque la confundimos con el estar solos cuando ésta es un tránsito natural del yo al otro. Sin saberlo pretendemos pasar a estar acompañados cuando no soportamos estar consigo mismos. Sin conocimiento pretendemos estar en la mirada del otro cuando no somos capaces de voltear a nosotros mismos.
La soledad es una buena compañera de lo abstracto mientras éste se trueca en lo concreto… es esa dulce ausencia que esta por dar la bienvenida a la tan esperada espera esperanzadora.



*Milan Kundera