lunes, 27 de enero de 2014

La inconveniente simulación



Es tan común toparse con miradas fingidas,
incluso entre los cómplices,
que echarles al olvido no es sencillo,
más aún si nos dejan el sabor tan amargo
del ajenjo, incrustado en el alma con voces
cuyos ecos encallan, como buques fantasmas,
y copan al espíritu con toques de recelo.

No es que descalifique los rumores,
lo censurable es la burda falsedad:
la caricia en la frente y la daga en la espalda,
las sonrisas falaces disfrazando la envidia,
la mísera disculpa.

No es buscar con candor la humanidad per se,
es jugar con franqueza como juega el valiente
que siempre va de frente sin máscara cual sable
y suelta sus ideas con tino y sin malicia.

No es que busque el conjuro de los yerros
─ quién tuviera la fórmula en sus manos ─
sucede que caer me ha vuelto más sensible
y me ha mostrado el oro que hay en la honradez;

sucede que el respeto me da por los afectos
y también por usted, fiel crítico de armario


Amarante M Matus