viernes, 17 de abril de 2015

Canto para... Sofía,  por si debo nombrarte




Me ilusioné contigo algo mayor.
No, no fueron las mañas de un vejete
sí, un inexcusable adiós al pánico
que había sido estigma desde el vientre
de alguna puta decisión tomada
que sin saberlo, fuese trascendente.

Me voy debiendo a ti con la pasión
y la impaciencia de cualquier rebelde
que se muere feliz por la utopía
si llega desbocada pa’ ofrecerle
un renacer que el tiempo postergó.
Porque soñé contigo cuando imberbe
—correteando tímido palabras—
quise poner en mis sustancias siempre
algo del corazón pero sin versos,
pues continuaba aún sin conocerte.

Y me enredé en tu vuelo con tus danzas
que han hecho de la noche un taburete
donde nos entregamos al amor
en blancas horas que respiran verdes
hasta el acontecer de negros grafos
que lúdicos o entristecidos vierten
sobre la palidez más solitaria
un poco de la sangre y su torrente.

Y aquí me tienes a merced de imágenes,
de música y parábolas, que en suerte:
patean, acarician, regurgitan,
ilusionan, engañan o padecen
al centro de este pecho despoblado
que cuando vienes —nunca indiferente—
no se mete a la cama con tu luz
porque se va al tejado para verte
y traducir tus cantos en Romances;

la grácil sinfonía que sugieres.



© Amarante M Maldonado