El abuelo
Los abuelos son esos seres
especiales que tienen la chance de seguir prodigando su cariño en los nietos
como lo hacían con sus hijos pero en condiciones más favorables porque su tarea
ya no es la educar, salvo en condiciones muy particulares, sino la de gozar a
los enanos juguetones. Los abuelos son unos padres consentidores que en
ocasiones suelen restar autoridad a sus hijos, ahora padres, porque la
inteligencia emocional de los nietos entiende muy bien que en ellos tienen al
mejor aliado y muchas veces recurren a esa alianza para evitar algún castigo o
reprimenda.
La vida me dio siete. Cuatro abuelas
y tres abuelos. Epifanio es uno de ellos y él tuvo dos compañeras de viaje. Y
digo tuvo porque hace un tiempo pasó a ocupar una habitación contigua en este
universo. La abuela Ignacia se le adelantó y supongo le esperaba. La abuela Félix
aún nos vive y sería interesante saber qué va suceder cuando se vuelva a reunir
con él. Tengo fe de que ese mundo en el que algún día, muchos más cohabitaremos
en el reencuentro, sea más civilizado.
Tengo muy presente sus visitas en la
Portales, nuestro domicilio de entonces. Se sentaba a conversar con Clemen, su
hija mayor, cosas de adultos; razón por la cual nos retiraban de la mesa. Ya
después, mis hermanos y yo, nos sentábamos
con él y sin entender mucho de lo que se nos permitía escuchar, disfrutábamos
de sus charlas, su caricia y desde luego, el traguito de pulque que nos
invitaba con el permiso de nuestra madre.
Algunas de esas historias que nos
llegó a contar tenían que ver con sus experiencias como militar cuando en el
país la cosa aún estaba muy caliente después de la llamada decena trágica. Un
accidente lo privó de muchos de sus recuerdos. En la operación que le hicieron
para preservar su vida le extirparon parte de su memoria que por momentos
recuperaba en instantáneas que de haber podido estar más tiempo con él,
seguramente hubiera podido armar como un todo lógico y congruente.
Antes del accidente, entre la
escuela, el cambio de domicilio y las mismas responsabilidades de mi abuelo con
la familia que continuó creciendo, esos momentos de compartir la mesa, el
pulque y las ocurrencias de chiquillo, se fueron apagando en la cotidianidad de
los días pero perduran como memoria viva de la figura del abuelo Pifas.
Jacinta, Chalo y la nieve
La luna suele desahogarse en el invierno
en una lluvia de cristal que en realidad
son blancas lágrimas, decía mamá Yaya
en cada noche de leyendas y relatos.
Mi abuelo en cambio, del origen de la nieve
contaba historias fabulosas e increíbles:
un gato blanco se aparea mientras brisa
preñando el aura de las gotas celestiales.
Jacinta y Chalo se ocupaban de sus nietos
creando un mundo paralelo, con su luz
asombro y magia, prodigando la invención.
No sé si así de fieles son esas memorias;
o puede ser que las invente en la fisura
de mi cariño por sus almas en idilio.
© Amarante M Matus
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