lunes, 8 de febrero de 2016

El necio






En ocasiones detesto las normas
porque congelan, no expanden criterios
y yo prefiero sufrir improperios
por escapar de apariencias, y formas

que disciplinan con reglas morales,
formas que frenan la influencia del Necio:
ese que lucha, sin paga y sin precio,
el que denuncia los actos bestiales

como a Maciel y los curas de mierda
que mientras rezan y adoran su dios
callan su crimen, culpando a mi Dios;

como la Iglesia ocultando la cuerda
con que ahorcan al niño. Ya basta
de proteger al pastor pederasta.

En el camino es difícil que pierda
la solidaria empatía del necio
que no traiciona su voz y el desprecio
hacia el Poder cuando encubre su mierda.

Yo no le temo ni a santos, ni al diablo,
ni al terrenal que se piensa San Juan
porque bautiza, y duplica su pan
multiplicando los templos de Pablo.

Yo no me puedo callar el abuso
de violadores de niños y vidas,
de criminales con fuero y sin bridas.

Porque de nada nos sirve un confuso
y maniqueo: “perdón”. Si no paga
el mercader de la fe, que la caga.


© Gonzalo Reyes