martes, 13 de mayo de 2014


Viviana

 

Sé que no es de “caballeros”
frecuentar el lupanar,
mucho menos santiguar
si se corre tras de Eros.
No hago caso a los letreros
que cuestionan un romance
de aquel hombre con su chance
—la radiante flor de esquina
discontinua concubina—
la vigilia en suave trance.
 
Voy a verla por semana
y le pago una caricia
animal, carnal delicia
que desde el estigma emana.
La quiero nombrar Viviana
porque es más que muda piel,
porque sus ojos de hiel
dicen lo que calla el poro
por tanto cantar un coro
destinado a su papel.
 
Admito la amena plática
la pecaminosa hora,
no aprobada por la aurora
con su paz solar, flemática.
No busco la entrega almática,
—sería mucho pedir
Tampoco quiero mentir,
sé cómo agota la suerte
su densa, silvestre muerte
cuando siempre ha de reír.


 
© Amarante M Matis
·  Imagen de Paul Laurenzi