miércoles, 5 de junio de 2013

La analogía del trovador y el juglar: La soledad


¡AY SOLEDAD! ¿QUIÉN ERES… QUÉ ERES?

(Zorikto Dorzhiev)


Qué es la soledad sino un estadio pasajero

¿Una cara del rechazo o el vestido que se pone el abandono?

¿La amante que ningún osado ser humano se disputa o aquella novia que ni el más ingenuo entusiasmo desea para sí?

¿Acaso una perra que nos muerde por las madrugadas para lamer nuestras heridas durante la luz del día?

Un gato maullando fuerte como chiquillo para recordarnos que está presente y nos ronronea luego para decir que todo va bien

En el mejor de los casos es una cita con la espera o la esperanza que acecha… que aguarda o un escenario de agua helada produciendo peligrosa hipotermia para el alma.

La oportunidad de madurar de crecer de conocerse para entonces sí… brindarse.

La expresión eufemística del más amargo desamor

¿Es la compañera más vituperada

maldecida

desvalorada

temida?

¡La más despreciada

ninguneada

aborrecida

vergonzante compañía!

¿Qué de bueno puede tener si todos o muchos le huimos? De verdad es tan poca su renta

¿Qué de malo puede llenarnos ella cuando no es sinónimo de vacío? No será que nos confundimos al asociarla.

Cómo sea, creo la soledad es un espacio para el encuentro con uno mismo y siempre será un lugar digno de explorar con el arcano de su, a lo sumo, irritante visita.

Al final es como muchas sustancias más de este mundo: un universo para las valoraciones y definiciones siempre personales, íntimas y subjetivas.

A tres voces, a tres trovadores… este día les presento estos puntos de vista siempre discutibles, por ende, atendibles.

Con esta entrega les invito a reflexionar un poco sobre nuestra incómoda amiga, la Soledad.

"Ay soledad" Miguel Inzunza
"La soledad" Pablo Milanés

"Soledad, soledad" Oscar Chávez y Pancho Madrigal