viernes, 21 de junio de 2013

El secuestro



No había noche que no quisiera soñar contigo. Muchas veces te encontré vagando por mis sueños e intenté no regresar con el día.

Cuando despertaba, —con el ringggg de aquel aparato viejo que conservaba porque fue un regalo tuyo— le confiaba a mi fiel compañero cuánto anhelaba no abrir más los ojos para prolongar nuestros encuentros.

Una madrugada mientras te buscaba, como era mi costumbre, unos extraños me invitaron a tomar un café. Acepté, y al pasar a su misteriosa casa intuí que nunca más podría salir de aquel raro lugar. La puerta se desvaneció y las ventanas se llenaron de gris concreto.

A la hora en que cotidianamente sonaba el despertador, éste no timbró y mi amigo no paró de ladrar aquella mañana de cuyos muros parecía salir un grito de auxilio y tú… tú ya no me escuchaste.

* La imagen es de David Ho